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sábado, 17 de octubre de 2009

DIA16.- ANTIGUA PELLA Y LLEGADA A TESALONICA





A las 9 y media, tras despedirnos del personal del hotel que fueron amabilísimos, cogimos el coche para ir a nuestro próximo destino, Tesalónica. Antes de llegar allí decidimos pasarnos a visitar la antigua Pella, la ciudad de Filipo II y donde creció Alejandro Magno.

Llegamos allí y vimos que la entrada al recinto tenía pinta de ser nueva. Nos dirigimos a la taquilla y resulta que la chica que la atendía hablaba perfectamente español.
Había estado varios años en España jugando al voleibol. Nos dijo que estaban restaurando todo el acceso al recinto arqueológico y que el museo se estaba trasladando al nuevo local y que estaría listo en un mes aproximadamente. Igualmente el palacio estaba siendo objeto de trabajos de excavaciones y restauraciones, por lo que nos sentimos un poco desanimados por no poder ver estas dos piezas fundamentales del conjunto arqueológico. No obstante el recorrido por el lugar fue muy interesante. Estuvimos viendo restos del Ágora y algunas casas con bellos mosaicos y columnas.


Una vez finalizada esta visita, continuamos hacia Tesalónica donde llegamos a las 14.00 horas. El hotel estaba casi en el centro de la ciudad y ésta se encontraba toda en obras por la construcción del metro, por lo que el tráfico era caótico. Esto hizo que perdiéramos a Leona.


Nos dimos un baño en la piscina, y fuimos a dar un paseo por el paseo marítimo, pasando por la torre blanca y llegamos hasta el museo arqueológico. Compramos la entrada para este museo y el bizantino, pero este último decidimos visitarlo al día siguiente.


El museo arqueológico tiene algunas figuras impresionantes, además de objetos de bronce y oro. Bien merece la pena la visita.







Continuamos el paseo por la calle Egnatia, para mí una de las más bellas de la ciudad. Aquí pasamos por el Arco de Galerio, visitamos la Rotonda que fue mausoleo de Galerio, un poco más abajo los restos del palacio de este emperador, y varias iglesias bizantinas.







Pasamos por el Ágora y entramos en la catedral de San Demetrio, iglesia del siglo XI con restos de maravillosos mosaicos y columnas originales de la época.




Ya se hizo de noche y nos fuimos a cenar, pasamos por el barrio de Ladádika, en su origen fue un barrio de almacenes del puerto, que hoy en día se ha transformado en una concurrida zona de ocio y copas.


Cenamos en una taberna en la zona del mercado, tomamos unas copas y nos fuimos a descansar, pues nos habíamos dado una buena caminata durante todo el día.

jueves, 1 de octubre de 2009

DIA 8,. IOÁNINA Y SANTUARIO DE ZEUS EN DODONI

Como íbamos a estar cuatro días en las Meteoras, hoy decidimos adentrarnos en la región del Épiro para ver Santuario de Zeus en Dodona (Dodoni) y la ciudad de Ioánina, así que tras el desayuno, nuevamente con nuestra amigas las avispas, cogimos el coche y nos dirigimos hacia allá.


La carretera tiene muchísimas curvas hasta llegar cerca de Metsovo, donde enlaza con la Autopista Egnatia, que cruza Grecia de este a oeste. Este último tramo de autopista se inauguró hace pocos meses y cuando uno conduce por ella se da cuenta de la dificultad tan enorme de construcción de la misma, ya que cruza las montañas del Pindo y algunos de sus túneles miden 5 kilómetros. Aunque vayamos conduciendo por una vía rápida, tenemos unas vistas excepcionales de la región.



Unos 20 kilómetros más allá de Ioánina, llegamos a Dodoni. El recinto estaba bastante bien señalado y acondicionado. Aquí se estableció un santuario de Zeus en el que se hallaba el oráculo de Dódona, según dicen, el más antiguo de Grecia, y el de mayor
importancia tras el de Delfos.La leyenda nos dice que desde la ciudad de Tebas, en Egipto, una paloma se posó sobre un roble en Dódona, en señal de que allí habría de levantarse un santuario en honor a Zeus.





Estuvimos algo más de una hora viendo el teatro, la pista del estadio, restos de algunos edificios y templos, así como de una basílica cristiana. Pero el mayor atractivo de este lugar es contemplar el roble en el lugar donde las sacerdotisas interpretaban el murmullo de las hojas del árbol mecidas por el viento, que se consideraba como la forma que tenía Zeus de comunicarse con las sacerdotisas.









Después de tomar un refresco en la cafetería del recinto arqueológico, nos fuimos a Ioánina, donde aparcamos cerca del centro y fuimos dando un paseo hasta el barrio antiguo, que se encuentra dentro de las murallas. Anduvimos un rato por ellas y callejeamos por las pequeñas y bonitas calles de este barrio hasta llegar al museo de la ciudad, que se encuentra dentro de la mezquita de Ali Pashá. A partir de 1788, Alí Pasha (1741-1822), el terrible tirano musulmán de origen albanés conocido como el ‘León de Ioánina’, escoge la ciudad como capital del Despotado. Enfrente se encuentra la madraza, donde hay un pequeño museo etnográfico.




Con más de mil años de historia, Ioánina debe su nombre a una desparecida iglesia construida en honor de San Juan Bautista. Tras la toma de Constantinopla por los cruzados, fueron muchos los emigrados bizantinos que llegaron hasta Ioánina.



Continuamos nuestro paseo hacia el Kastro, ciudadela igualmente amurallada dentro de las murallas principales de la ciudad. Aquí se encuentra la tumba del tirano Ali Pachá y otra mezquita construida con el fin de demostrar el poder de los otomanos frente a los griegos. También un pequeño museo de arte bizantino con una muestra de iconos y escritos muy interesantes.






Salimos de las murallas y caminando por el puerto decidimos tomar el barco e ir a la cercana isla (To nisí). El trayecto dura alrededor de 10 minutos y el agua de este lago es del color más verde que he visto en mi vida.








Al llegar visitamos una pequeña parte del pueblo y nos fuimos a comer a un restaurante en el puerto. Después seguimos paseando por sus calles y fuimos a ver dos pequeños monasterios de los cuatro que hay en la isla. Uno de ellos estaba cerrado y los otros creo que también están deshabitados. El que sí pudimos visitar tenía una pequeña iglesia con unos impresionantes frescos maravillosamente conservados; lástima que no pudiéramos hacer fotos de ellos.




Continuamos paseando un poco por el pueblo, vimos una pequeña iglesia, el museo de Alí Pachá, el colegio, y nos tomamos un frapé en un bar cercano al puerto por donde se paseaba una cigüeña de un lado a otro recibiendo con alegría los trozos de pescado que los camareros de los restaurantes cercanos le daban.





Cogimos el barco de regreso a Ioánina, donde compramos unas granadas bañadas en plata, esta ciudad es conocida por los artesanos plateros, y fuimos nuevamente caminando hacia el lugar donde se encontraba aparcado el coche para emprender el camino de vuelta a Kastraki. Una vez allí, cenamos en la misma taberna de nuestro primer día en el pueblo y nos sentamos en el jardín del hotel a tomar unos ouzos. Al día siguiente nos tocaba visitar los dos monasterios que nos faltaban, El Gran Meteora y el de Vaarlan, y continuar el viaje hacia nuestro próximo destino: la península del Pelión.

domingo, 27 de septiembre de 2009

DIA 5.- RENDINA, KAVALA, LOUTRA ELEFTHERON



Sin tener muy claro que hacer hoy, después de desayunar en nuestro apartamento, nos fuimos hacia Aréthusa, lugar donde tuvo lugar un curioso incidente con Eurípides. Seguimos las indicaciones de los carteles, pero fue imposible encontrarla, así que bastante cabreados decidimos probar suerte con la visita a la antigua Rendina. A lo lejos se veía las murallas de la acrópolis, así que supusimos que no sería difícil llegar. Nada más lejos de la realidad. Menos mal que teníamos la determinación de verla, si no hubiera pasado igual que con Aréthusa.



Una vez, encontrado el camino que lleva allí, dejamos el coche y continuamos andando hasta llegar arriba de la colina. Al llegar nos encontramos con una nueva desilusión, el recinto esta cerrado, no se podía visitar. No había ningún cartel de horario de visitas, parecía como si estuvieran abandonados los trabajos de reconstrucción y adecuación del recinto. Hartos de tantos desencantos, decidimos saltar la valla y visitar el recinto, era cuestión de amor propio, así que saltamos y estuvimos recorriendo el yacimiento. Aquí pudimos ver restos del castillo, la acrópolis, varias casas y una iglesia postbizantina, así como la antigua Via Egnatia.





Acabada la visita, decidimos volver a Kavala, ya que nos había gustado bastante el primer día. Marchamos hacia allá pasando antes de nuevo por Amfipoli e intentamos ver la ciudad antigua. Sólo pudimos un trozo de las murallas, puesto que el recinto arqueológico no admitía visitas.








Antes de llegar a Kavala, paramos en una playa que se encontraba casi desierta para darnos un baño. Estuvimos una hora aproximadamente y media hora más tarde estábamos en Kavala paseando por el puerto y la ciudad vieja. Aquí cominos en la taberna " O Kanadós" rica y abundantemente.




Camino de vuelta hicimos una nueva parada en Nea Peramos para ver la fortaleza bizantina, cuyas murallas llegan hasta la orilla de una preciosa playa. A unos 10 kilómetros de aquí vimos un cartel que anunciaban unos baños "Loutrá Eleftherón" y decidimos entrar a ver que había.







Fue una experiencia maravillosa. Es un paraje precioso atravesado por un río en donde transcurren varios manantiales de aguas sulfurosas que manan a 42 grados. Hay una zona donde poder darse un baño en estas aguas gratis, además del balneario donde tienen 40 bañeras y una gran piscina. En la taberna situada frente al balneario disfrutamos de un autentico ambiente griego. Allí habían sentados a la mesa varias familias que se divertían bailando rebético al son de los músicos que amenizaban la sobremesa.



Continuamos el camino hacia el apartamento, donde tras ducharnos nos fuimos nuevamente a Vrasná. Allí cenamos y tomamos unos ouzos en el bar y nos despedimos de este acogedor pueblo hasta otra ocasión


jueves, 24 de septiembre de 2009

DIA 3.- AMFIPOLI, DRAMA, KAVALA


Hoy desayunamos en el apartamento un buen yogurt griego con mermelada, sandía y unas tostadas, cogimos así fuerzas para emprender el viaje en dirección a Amfípoli. Una vez allí visitamos el museo, pero no pudimos ver la antigua ciudad, ya que ese no disponían de personal para poder enseñarlo, así que nos conformamos con ver las murallas exteriores.






Seguimos en dirección Drama, por una carretera interior a través de varios pueblos situados en la falda de los montes Pangeo y hicimos una parada para visitar la antigua ciudad de Filipos (Philippoi). Aquí vimos el teatro, que se encuentra bastante bien conservado, de hecho se celebran actualmente festivales, los restos de algunos templos helenísticos y romanos, el foro, el ágora, la palestra, baños etc.
La antigua Via Egnatia, transcurre por entre la ciudad, separándola en dos partes.




Al otro lado vimos los restos de varias basílicas, algunas de ellas hermosísimas, la cárcel donde se cree que estuvo encarcelado san Pablo, algunos mosaicos y restos de algunas casas. Fue una visita muy interesante.


Después de tomar un refresco en la cafetería del recinto arqueológico, proseguimos nuestro camino hacia Drama. Esta no deja de ser la típica ciudad de tamaño mediano griega, en la cual no se le presta demasiado cuidado a las cosas interesantes que tiene. Por ejemplo las antiguas murallas bizantinas de la ciudad están bastante descuidadas, al igual que otros edificios de la época. Sin embargo esta ciudad tiene una zona muy agradable de visitar, las fuentes de Santa Bárbara. Consiste en una serie de lagos a cuyos márgenes se sitúan varias tabernas, haciéndolo un lugar ideal para sentarse a comer y disfrutar del frescor del agua.

Aquí comimos un delicioso souvlaki, además de la típica ensalada griega y un poco tzatziki. El servicio fue estupendo, la comida abundante y el precio bueno. ¿Qué más se puede pedir?



A continuación marchamos hacia Kavala, a unos 35 kilómetros de Drama. Íbamos con miedo de que nos defraudara esta ciudad, pero gracias a Dios esta vez acertamos. Dimos un paseo por el pintoresco puerto y preguntamos los horarios del ferry hacia la isla de Tasos. Después callejeamos un poco por la ciudad antigua hasta llegar al castillo. Fue una subida muy cansada pero que mereció la pena.







Al bajar hacia el puerto pasamos por una iglesia donde se congregaba una gran cantidad de personas que hacían cola para besar el icono de la virgen. El servicio se daba por megafonía, ya que era mucha la gente que subía hacia la iglesia y no cabían todos dentro. Allí estuvimos un rato y nos fuimos a cenar a una taberna donde, por 23 euros los dos, comimos de maravilla, teniendo incluso que dejar algo, pues era imposible acabar con todo.

Ya con la panza bien llena, cogimos el coche nuevamente para volver al hotel, donde nos duchamos, y nos sentamos en la terraza a tomar unas cervezas y anotar en nuestro cuaderno de viaje lo sucedido hoy.