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jueves, 22 de octubre de 2009

DIA 18.- DE NUEVO EN BULGARIA

Hoy teníamos que volver a Bulgaria, ya que nuestro avión sale desde Sofía, y los dos últimos días queríamos pasarlos aquí, así que fuimos a comprar un bolso para poder meter cosas, ya que las maletas se nos habían quedado pequeñas con tanto folleto, libros y recuerdos. Desayunamos y recogimos a Leona para emprender el camino hacia Bansko.



Pasamos la frontera y nos dirigimos en primer lugar a Melnik, pues cuando estuvimos allí el primer día nos gustó mucho y no pudimos disfrutar de sus vistas debido a la lluvia. Volvimos a comer en la mexaná de Valentín y compramos algunos regalos.



Después fuimos a visitar el monasterio de Rozhen, a 5 kilómetros de allí. Este es el único monasterio restaurado durante los primeros siglos que ha sobrevivido hasta nuestros días.


El aspecto actual de este viejo monasterio construido durante el siglo 12 o 13, se remonta al siglo 16. Según una inscripción, la imagen de Cristo Pantocrator junto con los doce apóstoles encima de la puerta de entrada de la iglesia principal Virgen Santa, fue pintada en 1597. El Monasterio de Rozhen debe su fama sobre todo a sus iconos. Algunos de ellos son composiciones sumamente complicadas, tanto en la intención como en la ejecución actual, en la cual los temas Bíblicos son los protagonistas de unos artistas muy imaginativos.


Tras esta visita nos dirigimos hacia Bansko, donde llegamos sobre las 6 de la tarde. Es un pequeño pueblo en la montaña, al lado de la estación de esquí, que en los últimos años ha experimentado un crecimiento espectacular debido a la llegada masiva de ingleses y alemanes que están comprando allí apartamentos. Menos mal que todas las nuevas construcciones mantienen un mismo estilo característico de la zona, lo que hace que, aunque masificado, sea un lugar agradable.


Dimos una vuelta por el pueblo, tomamos unas cervezas y fuimos a cenar a una típica mexaná donde comimos de maravilla, atendidos por una chica muy simpática. Proseguimos nuestro paseo y nos dirigimos al hotel, donde tomamos unas copas y nos fuimos a dormir.

jueves, 15 de octubre de 2009

DIA 15.- A LOS PIES DEL OLIMPO

Hoy Leona nos acompañó a desayunar al hotel, cogimos nuestras cosas y nos dirigimos a Litochoro, un pueblo situado a los pies del Monte Olimpo. Fuimos a la oficina de información y nos dieron varios folletos sobre la visita a la montaña.





En primer lugar entramos en una iglesia situada en la plaza del pueblo y después dimos un paseo hasta la zona de la garganta y las cataratas. Era Agosto y no corría ni gota de agua por allí. Además había demasiados turistas, sobre todo del este de Europa, así que volvimos a por el coche para adentrarnos en la mítica montaña.



Una vez pasado el control del parque natural, nos detuvimos para ver el antiguo monasterio de San Dionisio, devastado por los alemanes y que en la actualidad los monjes que allí viven se están encargando de su restauración. Aquí vimos la iglesia central, el comedor, algunas viviendas y unas magníficas vistas de la montaña.


Poco después Llegamos a Prionia a 1.100 metros, último lugar accesible en coche y desde donde parten diversas rutas para explorar el Olimpo. Estuvimos andando un poco pero nos volvimos rápidamente, pues estaba demasiado masificado de turismo y los senderos no se encontraban todo lo limpio que sería de desear. Además a Leona comenzó a faltarle aire, así que nos detuvimos en el bar que hay allí a descansar un poco y continuamos el camino de vuelta. A pocos kilómetros vimos que partían varios senderos. Aparcamos el coche en un ensanche de la carretera unos metros más allá, Leona se quedó sentada en un banco de madera que había allí y nosotros nos adentramos a subir un poco por la montaña de los dioses.

Estuvimos una hora aproximádamente caminando por aquel maravilloso lugar, imaginando a Apolo correr por allí cerca para ir a ver a Afrodita. Un poco más lejos Hefesto labrando un bello escudo para el bélico Ares, y arriba del todo Zeus discutiendo con Hera por temas de faldas. Fue una experiencia estupenda con la que había soñado mucho tiempo.

Volvimos a Litochoro y nos fuimos a comer a la zona alta del pueblo, lejos de los sitios turísticos. Comimos en el patio de una taberna de pueblo la típica musaka, Imán, plato a base de verduras, y Ternera. Como es costumbre por aquí al pedir la cuenta nos trajeron un plato con una sandía riquísima.


Después de comer nos fuimos a darnos un baño y tomar un poco el sol a la cercana playa de Gritsa. Aquí estuvimos un par de horas y decidimos acercarnos a Pidna para ver las ruinas de la antigua ciudad. Desgraciadamente estaba cerrada, así que nos contentamos con verla desde fuera e ir a las salinas para tomar unas cervezas con mejillones.

Por último, volvimos al hotel donde cenamos y tomamos unos tsipouros y charlamos un buen rato con un amigo del dueño del hotel que hablaba español y quería hablar con nosotros. Nos dimos un baño en la piscina y nos fuimos a dormir, no sin antes hacer las maletas nuevamente, pues al día siguiente nos marchábamos a la capital macedonia "Tesalonica"

martes, 29 de septiembre de 2009

DIA 7.- VISITA A LOS MONASTERIOS

A las siete de la mañana ya estábamos levantados, había que desayunar temprano para comenzar nuestro recorrido por los monasterios, así que nos aseamos y tomamos un delicioso desayuno en el jardín del hotel acompañados por numerosas avispas a las que había que poner un poco de miel y mantequilla para que nos dejaran desayunar tranquilos. Esta es una zona donde hay muchas de estas "criaturitas".


Habíamos pensado visitar hoy cuatro de los seis monasterios que continúan habitados en la actualidad. Como el Gran Meteora se encontraba cerrado, decidimos dejar éste y el de Vaarlan para otro día y dedicarnos a los otros cuatro.


Comenzamos por el que creíamos que tenía más difícil acceso, con el objetivo de visitarlo lo más temprano posible y evitarnos el tener que hacerlo en las horas de más calor, así que a las 8.45 estábamos a las puertas del monasterio de Agia Triada (Santísima Trinidad).












Este monasterio está situado en lo alto de una de las rocas y hay que darse una buena caminata para llegar hasta él. Aquí visitamos el Catholicón, que es la iglesia central del mismo y alguna otra dependencia, además de disfrutar de las increíbles vistas que desde aquí se tienen.








Continuamos un poco más arriba para ver el monasterio de Agios Stefanos ( San Esteban). Éste se encuentra habitado por monjas y es el tercero más grande. Es el que mejor acceso tiene, ya que apenas hay que subir escaleras, pues la carretera llega hasta casi la entrada. Su Iglesia central, el museo la pequeña iglesia aneja, todo el conjunto es de una gran belleza.




Ya de bajada paramos en el de Roussanou que es uno de los más impactante visto de lejos. Aquí coincidimos con una excursión de rumanos que estaban siendo atendidos por uno de los monjes. Aquí tomamos unos pastelitos que tienen preparados para los visitantes. Este monasterio tiene bastante poco que visitar, ya que además del Catholicón, no se permite la visita a otras dependencias.




Por último fuimos al de Agios Nikolaos ( San Nicolás). Tengo que decir que fue el que más me impresionó, ya que la situación, surgiendo de la roca, es maravillosa. Además el fresco de Adán dando nombre a los animales es único en el arte bizantino. La única pega es que la subida fue mortal. Las escaleras que desde la carretera suben hasta la entrada del mismo, parecen que no tienen fin; menos mal que arriba corren varias fuentes con agua bien fresquita que te hacen recuperarte un poco.





















Después de este recorrido volvimos al hotel, que estaba a 5 minutos de este último monasterio, para volver a ducharnos y cambiarnos de ropa ya que estábamos totalmente sudados de tanto subir y bajar escaleras. El chico del hotel nos recomendó que fuéramos a visitar Trikala, una ciudad a 30 km. de allí, y así lo hicimos.


Llegamos allí y de camino al centro pasamos por los restos del templo de Asclepio, Dios de la Medicina, dimos un paseo por el centro de la ciudad que estaba a rebosar de gente y bastante animada. Entramos en una librería y compré un cuento en griego para ir practicando un poco la lectura y nos fuimos a una taberna par comer






Después callejeamos por la ciudad vieja y subimos a la fortaleza bizantina donde nos tomamos un delicioso frapé en el bar que hay en la ciudadela.



Volvimos a por el coche y continuamos un poco en dirección a Larissa para ver las ruinas de la antigua ciudad de Pelinaion. Continúan las excavaciones, así que pudimos ver bien poco, algunos restos de murallas y poco más, así que nos volvimos para Kastraki donde descansamos un poco y dimos un paseo por el pueblo. Cenamos y nos tomamos unos ouzos en el jardín.




DIA 6.- CAMINO DE LAS METEORAS

Este día se presentaba como uno de los más cansados del viaje, ya que el trayecto desde Nea Vrasná hasta nuestro próximo destino, Meteoras, era el más largo de todos; Así que salimos a las 8.30 y cogimos la Autopista que lleva a Tesalónica, para posteriormente tomar la dirección Veria, Grevená, Meteoras.


La primera parada la hicimos en Veria para desayunar y posteriormente desviarnos un poco para visitar el Monasterio de Panagía Soumelá. Este es un centro de peregrinación para todos los griegos originarios del Ponto. Cuando fueron expulsados de sus tierras por los turcos, a principios del siglo pasado, se llevaron consigo el icono de la Virgen y levantaron aquí un nuevo monasterio, donde cada 15 de Agosto se lleva a cabo una multitudinaria celebración.







Menos mal que llegamos el 17, pues los restos de lo que allí se había vivido hacían imaginar la gran aglomeración que tuvo que congregarse los días anteriores. Había incluso tiendas militares con camas y colchones para que la gente pudiera descansar esos días.







Continuamos nuestro viaje ya por la Autopista Egnatia, que debe su nombre a la vía romana que transcurría por esos lugares, atravesamos Grevená y unos kilómetros más allá nos detuvimos a contemplar el precioso paisaje de la garganta del río Venéticos. Este agreste pero bello lugar ya hacía presagiar lo que encontraríamos al llegar a las Meteoras.






A partir de aquí el paisaje se tornó de un verdor especial, atravesamos bosques de robles y hayas, vimos señales de paso de osos y al final vimos las siluetas de esas extrañas rocas.






A las tres de la tarde llegamos a Kastraki, pequeño y pintoresco pueblo situado justo a los pies de la carretera que conduce a los monasterios. Buscamos el hotel y tras colocar las cosas nos fuimos a comer a una típica taberna local.



Descansamos un rato, nos dimos una ducha y decidimos subir para ver el acceso a los distintos monasterios que íbamos a visitar al día siguiente. Tomamos algunas fotos y nos sentamos un rato a contemplar la increíble vista que desde allí se tenía.





Nos acercamos después al vecino pueblo de Kalambaka para dar un paseo, pero volvimos pronto, ya que nos encontramos un pueblo demasiado turístico, lleno de hoteles y con poco atractivo. Así que regresamos a Kastraki, cenamos y dimos un pequeño paseo por el pueblo, donde vimos una pequeña tienda que vendía juguetes de madera y marionetas del teatro de las sombras. Compramos una del pícaro Jadsiavatis y una trirreme y nos fuimos a dormir.


jueves, 17 de septiembre de 2009

DIA 1.- LLEGADA A SOFIA Y VISITA A MELNIK


En realidad éste fue nuestro segundo día de viaje, ya que el primero consistió en llevar a Yuca y a Vicky, nuestras perritas, a la residencia canina donde estarían estos días. De allí fuimos en autobús a Madrid para coger el avión a Barcelona, desde donde el día siguiente cogeríamos el vuelo a Sofía. Así que realmente nuetras vacaciones comienzan aquí.

Salimos de Barcelona a las 6.40 en un vuelo que hacía escala en Viena. No pudimos ver nada de esta ciudad ya que la escala fue de 50 mínutos, el tiempo justo de cambiar de avión y tomar el que nos llevaría a Sofía. Aterrizamos a las 13.30, y allí nos esperaba el empleado de la compañía de alquiler de coches que nos hizo entrega de un clío. Cumplimentamos los papeles y pusimos rumbo a nuestra primera parada, Sandanski.





Llegamos a las 17.30, y no porque estuviera demasiado lejos, 150km. de Sofía, pero el tráfico para salir de Sofía en esa dirección era un auténtico caos.




Al llegar a la ciudad, buscamos el hotel, nos duchamos y nos fuimos a Melnik, un encantador pueblo que se encontraba a 15 km. Aquí estuvimos paseando un poco y a los 10 mínutos comenzó a llover, dando a traste con nuestros planes de adentrarnos un poco por esas misteriosas formaciones montañosas tan características de esta zona. Así pues entramos en una mexaná (nombre de los restaurantes típicos bulgaros) y comimos algo.





Una hora más tarde volvimos al hotel, pues estábamos un poco cansados de tanto viaje, cenamos allí mismo y nos acostamos.

domingo, 28 de junio de 2009

MONASTERIO DE RILA






El monasterio de Rila es el segundo gran templo de la Iglesia ortodoxa después del monte Atos en Grecia. Aunque sus edificios datan de los siglos XIII y XIV, del conjunto original sólo se conserva la torre de Hrelio, junto a la iglesia, una pétrea estructura medieval de planta cuadrada que sirvió como atalaya de vigilancia.
Tras la destrucción sufrida durante la invasión otomana, fue reconstruido en el siglo XV y subsistió como el centro cultural más significativo de Bulgaria durante la dominación turca. En el siglo XIX fue arrasado de nuevo por un incendio; todo el país se volcó para poder reconstruirlo por completo en un proceso que duró treinta años. Los arquitectos siguieron los cánones del Renacimiento búlgaro vigente, y los más ilustres artistas pintaron los frescos de la bóveda y las paredes del atrio en la iglesia principal de la Natividad de la Virgen.











El auténtico tesoro de Rila es lo que representa: la recuperación de una obstinada identidad cultural castigada por la historia. Los fondos del monasterio reúnen importantes obras pictóricas del Renacimiento, tallas y piezas únicas de iconografía de los siglos XIV, XV y XVIII. En las viviendas de cuatro pisos que rodean el patio hay más de 300 celdas, una cocina con una chimenea gigante y cuatro capillas. Aún hoy, una docena de monjes hacen aquí vida contemplativa y celebran la liturgia.
Para experimentar la austera vida monacal, nada mejor que alojarse en el ala reservada a tal uso. El viajero puede amanecer y contemplar lo primero el pico Musala, el más alto de la península Balcánica, cuyo nombre de origen turco-árabe significa "el último antes de Dios".

sábado, 11 de abril de 2009

Dia 4.- Monasterio de Rila y Sofía

Ya por fin era hora de visitar el primer monasterio del país y patrimonio de la humanidad. El monasterio de Rila. Habíamos oído mucho hablar sobre este lugar, y todo era bueno así que no nos debería defraudar.





Después del desayuno cogimos el coche y nos dirigimos hacia allá. Había un atasco impresionante para salir de Sofía, así que nos armamos de paciencia y fuimos contemplando la montaña de Vitosha que se encontraba en esa misma dirección. Una vez fuera de Sofía ya el tráfico mejoró y al cabo de una hora aproximadamente estábamos en el pueblo de Rila. Dejamos la visita de este pueblo para la vuelta y continuamos la ascensión hacia el monasterio.



Al pasar por el pequeño pueblo de Pastra, a unos 3 km. del monasterio, tuvimos que hacer una parada. El paisaje era impresionante, se veía una cascada que bajaba casi de la cima de la montaña, el río bajaba con bastante fuerza y los lugareños hacían sus labores con burros. Allí entramos de nuevo en una mejaná y tomamos un café algunos, y otros airán. Seguimos el camino y llegamos a las puertas del monasterio. Sólo puedo decir que en verdad mereció la pena la visita. Se trata de una iglesia rodeada por las celdas de los monjes, todo ello en las montañas de Rila. Fue fundado en el siglo X por Ivan Rilski y tanto el interior como el exterior es de una belleza extraordinaria.


Allí visitamos también las antiguas cocinas y dependencias de la guardia del monasterio. Después de esta visita hicimos una parada en el pueblo de Rila para comer. Allí tras aparcar el coche nos dirigimos a una taberna y al cruzar la calle nos encontramos con un entierro. Fue curioso vivir las costumbres del lugar. El cortejo lo iniciaba un hombre con una cruz, al cual seguía el resto de personas con carteles del difunto y por último éste en una furgoneta abierta con el ataúd también abierto. Fue bastante impresionante.


Desde la terraza donde estábamos comiendo íbamos observando la vida cotidiana del pueblo, la frutería, el almacenito, el estanco, etc. Por cierto que en este último lugar entré a comprar un paquete de cigarrillos y cual fue mi sorpresa cuando la dependienta, una señora mayor, comienza a hablarme en español. Me contó que tenía un hijo suyo trabajando en Pamplona, y que ella había ido varias veces a España.


Después de comer nos marchamos de vuelta a Sofía. Allí aprovechamos para hacer algunas compras, entrar en la catedral y la iglesia de Santa Sofía, ya que el primer día estaban cerradas, estuvimos paseando por el mercado y a las diez más o menos nos fuimos a cenar. Fue sin duda la mejor cena de todo el viaje, y eso que todos los días habíamos comido de maravilla. La decoración del lugar, la atención, la calidad y cantidad de la comida, todo fue estupendo.






Ya cenados, dimos un último paseo por la ciudad y nos marchamos temprano a dormir, pues al día siguiente debíamos levantarnos a las seis, pues a las 8.30 salía nuestro avión hacia Madrid

http://www.minube.com/rincon/7718

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jueves, 9 de abril de 2009

Dia 2.- Monasterio de Troyan y Kazanlak


Este día nos levantamos temprano y tras desayunar en el hotel cogimos el coche y nos pusimos rumbo a Veliko Tarnovo, ciudad que fue capital del segundo imperio búlgaro.


Al ir saliendo de Sofía, fuimos viendo que a excepción del centro, donde se encuentran la mayoría de monumentos importantes, el resto de la capital mostraba la verdadera cara de los casi 50 años de dictadura comunista. Ese tipo de construcción gris, sin estética alguna desarrollada por ese tipo de regímenes en todos los países de su influencia, la parte oriental de Berlín, era exactamente igual de deprimente, nos desanimó por un instante, pero pronto fuimos descubriendo que hay lugar para la esperanza de cambio.


En la carretera, una hora más tarde vimos un bar donde vendían productos típicos y como ya era hora de reponer líquidos, hicimos una parada para comprar miel y unos caramelos riquísimos y tomar un refresco.


Como el monasterio de Troyan estaba más o menos en la misma dirección que Veliko Tarnovo, decidimos desviarnos un poco para verlo, así que tomamos la dirección de Troyan. El pueblo no era especialmente bonito, reitero las construcciones y el estilo comunista, pero tras atravesar un puente siguiendo la dirección del monasterio, el paisaje empezó a cambiar. Unos kilómetros más adelante llegamos al pueblo de Orshak, donde hicimos otra parada en una preciosa mejaná, que es como se llaman aquí a las tabernas-restaurantes típicos. Después de una cervecita y un poco de queso Sirene y Kaskabal, continuamos hacia el monasterio que se encontraba dos kilómetros mas arriba.


Afortunadamente tomamos la decisión de visitarlo, porque es una verdadera maravilla. Situado junto a un río, rodeado de vegetación, y con la iglesia central adornada con hermosos frescos tanto en el interior como en el exterior de mismo. Es el tercer monasterio en importancia de Bulgaria.




Junto a él, con una terraza casi sobre el río hay una mejaná donde de nuevo hicimos una parada para probar el Airán, una bebida típica a base de yogur.


Como ya era la hora de la comida, casi las tres, decidimos volver a la mejaná donde habíamos parado antes, y comimos allí. La comida deliciosa, el trato exquisito y los precios estupendos.




Viendo que ya no nos daría tiempo de visitar Veliko Tarnovo y regresar a Kazanlak, donde teníamos reservado el hotel para esa noche, decidimos ir directamente a Kazanlak y comenzamos a atravesar los balcanes. Lástima que todavía los árboles estaban desprovistos de hojas, porque el paisaje que íbamos viendo hubiera sido aún más espectacular. A medida que nos acercábamos a la cima, nos encontrábamos más y más nieve, llegando a zonas donde había unos cortes de nieve de casi cuatro metros de altura, allí hicimos también varias paradas para disfrutar del paisaje, para después continuar nuestro camino hasta llevar a Kazanlak, capital del valle de las rosas, y lugar donde se encuentra una tumba tracia, patrimonio de la humanidad protegida por la UNESCO.



Aquí nos dirigimos al hotel, una autentica preciosidad. Tras asearnos un poco, dimos un paseo por la ciudad, la verdad es que si nos hubiera coincidido la fiesta de la rosa, a principios de Junio, hubiera estado mucho mejor, buscamos un lugar para comer, y tras otro pequeño paseo por Stara Zagora, nos marchamos a descansar al hotel, ya que Paco se encontraba con el estómago un poco delicado.